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Los
tratamientos convencionales
Los
tratamientos convencionales para las enfermedades tumorales comprenden
fundamentalmente quimioterapia, radioterapia, administración
de hormonas y cirugía.
El
término en que se alcanzan las mejorías buscadas
con estos tratamientos, supera generalmente el plazo de cinco
meses. En muchos casos, la acción beneficiosa de la quimioterapia
se ve superada por los efectos adversos que llegan a producir
trastornos graves, razón por la que, a menudo, los médicos
disponen la suspensión del tratamiento lo que provoca el
avance de los tumores y metástasis.
La
radioterapia es de aplicación localizada por lo que no
es adecuada para controlar metástasis que se pueden expandir
en órganos y glándulas.
El
tratamiento con hormonas suele traer efectos anatómicos
indeseables de "feminización" en el caso de pacientes
con cáncer de próstata, por ejemplo.
Cuando
se aplica cirugía se corre el riesgo de recidiva en la
zona de la sutura y en los tejidos próximos a la zona de
la operación.
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